Cómo educar a los niños en la no violencia

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Cómo educar a los niños en la no violencia

Muchas veces escuchamos en las noticias historias sobre niños y adolescentes que cometen actos de violencia y acoso; la violencia está muy presente en nuestra sociedad. Cuando las actitudes violentas forman parte del carácter de un niño o de un adolescente probablemente su futuro estará cargado de conflictos; aquellos que ejercen la violencia se perjudican, provocan con su actitud destructiva a todos los que están a su alrededor y dañan la sociedad en la que viven. Si reflexionamos un momento nos daremos cuenta de que la violencia es un reflejo de la sociedad y de los valores que se transmiten a niños y adolescentes, por tanto, se hace necesario crear un modelo que condene los actos violentos de manera activa, un activismo impulsado por las familias lejos del alarmismo pasivo que a veces practicamos cuando conocemos por medio de la televisión los casos que se van produciendo.

Nuestra responsabilidad como adultos en la violencia desde la infancia

Solemos preguntarnos: ¿Es la violencia un problema derivado de la sociedad actual?, ¿por qué algunos niños o niñas se muestran violentos?, ¿por qué utilizan la violencia en ocasiones como “modus operandi”?

Es fundamental que, desde las primeras etapas de la infancia, los niños reciban una enseñanza que les ayude a entender los beneficios del diálogo y la negociación para resolver las diferencias, que comprendan lo que es la violencia y los factores que la provocan, es decir, es necesaria UNA EDUCACIÓN PARA LA NO VIOLENCIA.

¡Cuidado!

En muchas ocasiones los niños están acostumbrados a ver de manera cotidiana pequeñas faltas de respeto, bromas pesadas o actos violentos que incluso les parecen graciosos.

  • Seremos prudentes en la utilización de la ironía o el sentido del humor delante de los niños, ellos aún no han llegado a desarrollar su sentido crítico y podemos confundirlos, no siempre comprenden las situaciones.
  • Cuidado con la utilización de “etiquetas”, emplear adjetivos relacionados con las diferencias puede condicionar el comportamiento de los niños con los iguales y su aceptación.

Te dejamos algunas pautas y sugerencias que pueden resultar útiles en el seno familiar:

  • Constancia en el cariño y en la atención desde las primeras etapas. Una relación familiar sólida y un sentimiento de confianza reducen las probabilidades que se desarrollen problemas de conducta y delincuencia.
  • Protección y apoyo a medida que aprenden a pensar por sí mismos. Los niños dependen de sus padres, necesitan recibir protección y orientación sobre cómo responder de manera adecuada frente a otros que recurren a insultos o amenazas.

 

  • Valores familiares de gran influencia en los niños. Cuando elogiamos las conductas de nuestros hijos de forma constructiva y sin recurrir a la violencia potenciamos sus fortalezas. Los valores de respeto, nobleza, honestidad y orgullo de la familia son pilares defensivos importantes para los niños cuando se enfrentan a las presiones negativas de otros.
  • Expectativas claras de la propia conducta. Cuando formulemos normas explicaremos a los niños qué esperamos y cuáles son las consecuencias de no seguir las reglas.
  • Control de la violencia que aparece en los medios de comunicación. Limitaremos el tiempo diario para ver la televisión, supervisaremos qué programas ven, qué dibujos infantiles y a qué videojuegos están más aficionados a jugar. Comentaremos con ellos las escenas de violencia o agresividad que aparecen en estos medios y las consecuencias que tendrían si sucedieran en la vida real, buscando otras alternativas para solucionar los conflictos.

 

  • Palabras firmes y calmadas frente a la actitud violenta.Les ayudaremos a entender que usar palabras violentas o aceptar en silencio una conducta violenta nos puede hacer mucho daño.

 

Lo interesante no es cambiar el comportamiento de nuestros hijos en un momento determinado, eso sería algo superficial y externo, lo que de verdad, como padres se debe  conseguir, es transformar a los hijos en los niveles más profundos, como son el emocional, el mental y el espiritual, para ello, la mejor herramienta es el AMOR.

Fuente: María José Padilla – Coach Educativa y miembro de la Asociación Española de Coaching de Familia y Educativo.

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